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Por: Gerado Guarquez Vásquez (*)


Los protagonistas de grandes cambios sociales y de movimientos masivos en Guatemala han sido las juventudes. Paralelamente con sus luchas, las juventudes son quienes más han vejámenes de un Estado racista y excluyente. La población guatemalteca es en gran parte joven y heterogénea. En relación a esa heterogeneidad las realidades son totalmente distintas para un joven citadino que para un joven del área rural. Un joven maya que un joven no maya. Un joven migrante con un joven que trabaja de maestro en su comunidad. Es por ello que la conclusión “no hay una sola juventud. Las juventudes atraviesan distintas realidades”, que se produjo tras el encuentro de varios jóvenes de Latinoamérica en México facilitada por el Programa de Naciones Unidas (PNUD), se ajusta social y políticamente al caso de Guatemala.  

 Los jóvenes mayas y/o indígenas, a pesar de que sus generaciones han sobrevivido a profundas discriminaciones y ataques raciales, siguen encontrando persistentes barreras políticas, sociales y económicas casi como en el siglo pasado. El joven indígena enfrenta una doble discriminación y las mujeres jóvenes mayas mayores desventajas, ya que, son discriminadas también por su género, además por su etnia y su edad.

Entre las mayores barreras que se enfrentan los jóvenes mayas en Guatemala: la falta de educación superior y migración.

La mayoría de jóvenes mayas sólo consiguen acceso a la educación media. La única universidad pública  (Universidad de San Carlos de Guatemala) sólo se encuentra en las grandes ciudades. Centralizando así la educación superior. Y las universidades cercanas a las provincias son privadas y mantiene una cuota elevada. Los jóvenes mayas, que en su mayoría viven en las provincias, graduados de nivel medio se dedican a trabajar –si es que encuentran un trabajo- para sostener a sus familias, alejándolos de las posibilidades de ingresar a una universidad y tener derecho a la educación superior.

La carrera magisterial es la más cotizada del nivel medio, ya que, permitía a los jóvenes –sobre todo mayas e indígenas que están destinados a quedar fuera de toda posibilidad de educación superior- conseguir una plaza presupuestaria como maestros. Este año, al parecer, se vuelve más densa esa barrera educacional. Y es que las políticas neoliberales, que comenzaron en Chile, llegaron a Guatemala. En complicidad con el Gobierno Militar se efectuó una “Reforma Educativa”, con el objetivo claro de privatizar la educación y generar mano de obra barata (las juventudes) para las empresas burguesas y oligarcas.  Se aumentó a cinco años la carrera magisterial, cuando las condiciones económicas de las familias mayas y de las clases bajas de Guatemala, apenas logran que sus generaciones paguen tres años para una carrera del nivel medio. Ésta reforma hizo que muchos jóvenes se quedarán sin posibilidades de poder ingresar a una carrera que les aseguraba un trabajo en el medio.

Otros jóvenes mayas por sus condiciones de ser mayas (no hablan el español, por sus características físicas, etc.) y por su bajo nivel de escolaridad –producto de las barreras educacionales- se les complica encontrar trabajo en el medio. Apelando a su suerte,  deciden alejarse de sus hogares, de sus costumbres, de su idioma y su cosmovisión y buscan otras oportunidades fuera. Un porcentaje aproximado del 63% de esa población, migran a las grandes ciudades del país. Algunos se dedican a los trabajos informales (vendedores de chicles, lustradores, etc.), otros son absorbidos por las maquilas y pequeñas empresas, donde se les transgrede un sinfín de derechos humanos: desde un sueldo bajo del salario mínimo hasta dejar sin efecto el derecho a vacaciones.  

El otro 27% de ésta población maya migrante cumplen el desdichado “sueño americano” (migración hacia Estados Unidos), cortando su embrión que alimenta el alma de su cultura. Muchos de ellos hacen una deuda enorme, venden sus terrenos, hipotecan sus casas y hasta hacen préstamos a bancos para poder pagar un viaje de mucho peligro. Tienen que atravesar desiertos, ríos caudalosos y hasta lanzarse a un tren en movimiento. Muchos pierden la vida en el intento y las familias tienen que pagar toda esa deuda que los jóvenes hicieron. Son pocos los que logran llegar y encontrar un trabajo y ayudar a sus familias con remesas.

Si a todos estos problemas, que atraviesan los jóvenes, hay necesidad de apuntar a un culpable, yo como joven Maya Kaqchikel señalo directamente al Estado guatemalteco, porque sigue siendo manejado por la aristocracia, porque sigue haciendo una mala distribución de la riqueza, porque genera clases elitistas, porque en su estructura sigue siendo racista y excluyente.

Y paralelo a ello, las juventudes siguen organizándose y siguen exigiendo mayores oportunidades. Ante la diversidad de problemas nos ha conducido a una diversidad de luchas. El objetivo es común: mejorar las condiciones de vida para las demás generaciones. Porque ésta generación no tiene derecho a no ser nada.

(*) Maya-Kaqchiquel