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Educación  y empleo para jóvenes, primer paso para superar violencia y conflictos

A escala mundial, los jóvenes representan el mayor número de víctimas de bandas delincuenciales, grupos armados y de terrorismo. Esta situación surge especialmente en contextos en los que la desigualdad es creciente y permanente, y en aquellos lugares en los que los jóvenes  tienen problemas graves de acceso a educación y empleo, con opciones limitadas para un futuro mejor.

En torno a esta problemática,  juventud con voz y el Comité Interagencial de Juventud, realizaron el hangout “Participación, jóvenes, conflicto y paz”, que se llevó a cabo el pasado 18 de noviembre de 2015, y que contó con la participación de Álvaro Cañete, del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos de Argentina y uno de los líderes organizadores de la Marcha de la Gorra; Reynel Barbosa, víctima de mina antipersona del conflicto armado colombiano y líder de la  Red de Sobrevivientes de Minas Antipersona, y Viviana Palacios, representante de la Mesa Departamental de Jóvenes del Meta – Colombia. Contó además, con la moderación de Aleida Patarroyo, coordinadora de Juventud con Voz.

En el diálogo on line, se hizo énfasis en la situación de América Latina teniendo en  cuenta  que es una población estimada en más de 156 millones de jóvenes (24% de la población total) que contrasta con que el 85% de los congresos de la región estén representados por personas mayores de 40 años.

Aleida, haciendo una introducción al tema,  señaló que la gran mayoría de los jóvenes de la región viven en situaciones graves de desigualdad, lo que implica que al menos 21,8 millones de jóvenes latinoamericanos no estudien ni trabajen y que la informalidad laboral sea el primer acceso al mercado del trabajo, según un estudio presentado recientemente por la Organización Internacional del Trabajo.

“La estigmatización  y la violencia rondan alrededor de los jóvenes, especialmente en zonas marginadas. Generalmente, y debido a la falta constante de oportunidades, los jóvenes son victimas de grupos delincuenciales en las ciudades, donde terminan siendo “reclutados” o forzados a ser parte de las filas de bandas delincuenciales, narcotráfico ó al margen de la ley, como en el caso de Colombia, que padece un prolongado conflicto armado interno”, precisó la coordinadora de Juventud con Voz.

De norte a sur, se observan situaciones críticas en las que los jóvenes presentan altos índices de vulnerabilidad. En Centro América, por ejemplo, son acechados por Pandillas como los Maras, en un medio en el que los propios gobiernos atribuyen al tráfico de drogas y de armas y a procesos migratorios de personas hacia los Estados Unidos, el crecimiento desenfrenado de la violencia y la criminalidad y la expansión descontrolada del crimen organizado. Aunque no se tienen cifras exactas de cuantos niños y jóvenes integran los Maras y otras pandillas, algunos estudios estiman que el número de miembros oscila entre 50 mil y 100 mil integrantes (USAID 2006).

En América del Sur se destaca el tema del caso colombiano, un país que conserva el único conflicto armado interno del hemisferio occidental, y el más prolongado con más de 50 años de violencia. Colombia registra una escandalosa cifra con más de 18.000  jóvenes que han participado en grupos irregulares, cifra a la que se suma un alto porcentaje de jóvenes que hacen parte de las filas del ejército y la policía, en un país donde el servicio militar sigue siendo obligatorio para los hombres jóvenes.

Por su parte, en su intervención Álvaro Cañete compartió la experiencia de Argentina, especialmente la que se vive en la ciudad de Córdoba, dónde es evidente la persecución y estigmatización a los jóvenes sobre todo contra aquellos que viven en zonas de bajos recursos y con pocas oportunidades de empleo.

Explicó, que la marcha de la Gorras surgió precisamente del alto grado de estigmatización que existe hacia los jóvenes, actitud que conduce a la imposición de  acciones que implican persecución y judicialización contra ellos, sin que se les garanticen sus derechos y como consecuencia de la aplicación del llamado código de faltas, que permite que un policía pueda determinar subjetivamente si una persona es sospechosa para proceder a detenerla inmediatamente; “ Es por ello que se detiene a los jóvenes y los encarcelan durante dos o tres días, sin informar a sus familiares”, anotó.

Por circunstancias como esta, Álvaro considera necesario que las políticas públicas sean diseñadas teniendo en cuenta a los jóvenes y a sus organizaciones como actores políticos, a fin de evitar que este tipo de medidas las adopten los funcionarios o los líderes de gobierno sin consultar o siquiera tener en cuenta sus opiniones.

Por su parte, Reynel Barbosa, sostuvo que la educación y la inclusión en los currículos de una cultura de paz y de solidaridad pueden hacer el cambio en la cultura y en la vida de las nuevas generaciones de jóvenes: “No basta con enseñar o dar instrucción sobre matemáticas, español, hay que enseñarle a los jóvenes  a convivir en las diferencias; que la violencia no es la forma de resolver los conflictos, y que la educación brinda herramientas eficaces para que los jóvenes luego puedan acceder a empleos dignos” dijo.

Y agregó: “Es cierto que estamos inmersos en un modelo que ojalá se pudiera cambiar, pero un primer paso sería no solo enseñarle a los jóvenes a ser competitivos, sino primero a ser personas a través de una educación basada en los derechos  humanos y en la convivencia y la paz; ese debería ser el primer paso para empezar a generar cambios”, enfatizó Reynel.

Por su parte, Viviana destacó que pese a la  inequidad y desigualdad en la que viven las mayoría de los jóvenes en la región y especialmente quienes habitan en zonas de vulnerabilidad y conflictos, estos pueden hacer la diferencia y ser protagonistas de cambios para la construcción de paz. “Nosotros, por ejemplo,  hemos avanzado en organización e incidencia, hemos trabajado en cómo los jóvenes podemos aportar en los planes de gobierno de nuestros municipios y cómo podemos incidir en las políticas públicas; para eso, hemos realizado diferentes acciones: capacitación, reconocimiento del funcionamiento de las instituciones, en la  construcción de propuestas y, finalmente, en incidencia política, presentando oficialmente a los candidatos y ahora gobernantes electos”. Explicó.

A continuación presentamos algunas de las principales conclusiones de este hangout.

Conclusiones

  • La  falta de acceso a la educación y oportunidades  de empleo, la pobreza , la injusticia social y la  desigualdad  son las principales causas de la vulnerabilidad de los jóvenes frente a grupos armados y de delincuencia.
  • Los jóvenes ven afectado su proyecto de vida con la violencia o con los conflictos armados de  manera inmediata, esto afecta la autoestima y la dignidad.
  • Los modelos y políticas de seguridad que se aplican en los países y la región afectan directamente a los jóvenes.
  • A los jóvenes no se les tiene  en cuenta para la construcción de políticas públicas de seguridad y convivencia.
  • El sistema actual no ofrece condiciones dignas  de empleo, favorables a los jóvenes.
  • El transito entre niños y adolescentes debe ser de sumo cuidado y apoyo para esta población; es donde hay mayor expectativa por reconocimiento  por lo que debería darse un trato especial a los jóvenes mediante la creación de políticas públicas que atiendan adecuadamente a esta población.
  • Es necesario cambiar el chip en los jóvenes que actúan con violencia, para convertirlos en verdaderos  constructores de paz; a ellos se les deben garantizar condiciones favorables en educación, empleo  y una educación que conduzca a la de pedagogía de paz.
  • Las políticas de Estado  y los medios de comunicación promueven la estigmatización de los jóvenes.
  • Los jóvenes tienen gran potencial y hacen acciones  creativas e ingeniosas que podrían ser  promovidas  por los Estados para difundidas por los medios de comunicación. Esto evitaría la estigmatización.

Los medios no le dan valor a las acciones de paz de los jóvenes y eso es necesario reconocerlo.

  • Los jóvenes tienen todo el potencial y pueden ser muy propositivos y con un alto poder de convivencia en el entorno y en los países.
  • Las posibilidades de diálogo son importantes para buscar apoyo, compartir experiencias y producir encuentros de juventud en el continente. Esto puede permitir identificar  estrategias de no violencia y protección de derechos para aplicar en los países de la región.
  • Es necesario buscar y articular con los Estados procesos que permitan abrir espacios de diálogo con los distintos funcionarios, a fin de hallar mecanismos y ejercicios creativos para lograr propuestas  de involucramiento de los jóvenes en la construcción de políticas públicas.