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"El grafiti es libertad, es expresión, se lleva en el corazón y en la sangre, es la esencia de uno..."

La "Juega", cómo le dicen sus amigos, es un grafitero colombiano que desde los 12 años, -ahora tiene 17- hace parte del grupo de jóvenes que participaron este fin de semana en la jornada "Grafiteros unidos por el respeto", con la intención de "retomar" la emblemática calle 26, una de las más importantes de Bogotá, y demostrar, a través de cada uno de sus trazos, que su derecho a libertad de expresión y pensamiento es soberano y que los gobernantes deben respetarlo.

En la capital colombiana, que cuenta con más de cinco mil artistas del grafiti, cientos de jóvenes participaron de la jornada que fue convocada para el sábado 27 de marzo, a través de las redes sociales, tras la indignación que les produjo la decisión del alcalde (e) Rafael Pardo de enviar a la policía a borrar los grafitis en la vía.

"Decisiones como ésta, representan un golpe a la democracia y no podemos permitir que esto ocurra", afirma "Checho" otro de los grafiteros. Pintar los muros de la ciudad es siempre visto como un acto de beligerancia, sostienen ellos, pero en Bogotá se han logrado espacios institucionales acordados con la administración del recién destituido alcalde Gustavo Petro. Y su argumento es sencillo: "la ciudad es de todos y unas paredes limpias son mentes vacías". "Quieren mantener una ciudad triste y gris. Pensamos en el derecho a la libre expresión y parte de ello es pintar en la calle... cualquier persona puede hacerlo", dijo "Krio Delix" .

Desde el pasado lunes 20 de marzo, la policía empezó a regresar al gris en los muros y a tapar los grafitis; esta acción, no solo generó rechazo por parte de los jovenes grafiteros y de muchísimas otras personas, sino también prevención, tal como lo señaló uno de ellos -que pidió mantener su nombre en reserva-, "ahora vuelve a rondar en la cabeza una policía que dispara y reprime"; paradójicamente, los mismos (la policía) que mataron al joven grafitero Diego Felipe Becerra el 11 de agosto de 2011, y que luego acompañaron y protegieron al cantante canadiense Justin Bieber, a pintar un grafiti en la misma calle 26.

Por otra parte, el comandante de la Policía Metropolitana, General Édgar Sánchez, dijo a los medios de comunicación que la policía fue la que tomó la iniciativa de limpiar los muros de la calle 26, y reconoció que la fuerza pública se extralimitó en su labor.

La jornada terminó, por fortuna, positivamente, con una reunión entre el alcalde de la ciudad y la Mesa del Grafiti (de la cual hacen parte colectivos de grafiteros y muralistas), con el propósito de acordar aquellos sitios donde se puedan pintar libremente grafitis en Bogotá. Una verdadera conquista para la democracia, obtenida con la fuerza silenciosa y artística de los jovenes.