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20140925-construccion-de-paz-1Por Andréanne Bourque, (*)

Después de haber vivido los últimos años en el municipio de Leiva en la región de la cordillera occidental en Nariño, sur de Colombia,  Angie Lorena Muñoz, de 17 años, volvió en septiembre 2013 a su ciudad de origen, Pasto, para comenzar estudios universitarios en inglés y francés.

Mientras toma una aromática de Flor de Jamaica frente a la Plaza de Nariño, Angie cuenta el impacto que las escuelas de liderazgo y de nuevas masculinidades y feminidades, implementadas en el marco del Programa Creciendo Juntos, han tenido en su vida y como estas iniciativas han cambiado su visión de la equidad de género y de la reconciliación en Colombia.

El departamento de Nariño es a menudo presentado como pionero en términos de política pública de juventud y de género, y a la vez está aún bastante marcado por construcciones machistas, al igual que otros departamentos de Colombia. A pesar de haber sido duramente golpeada por la presencia y la influencia de varios grupos armados ilegales desde hace varios años, la población juvenil nariñense sueña en un futuro pacífico e equitativo entre mujeres y hombres.

El Programa Creciendo Juntos: Jóvenes para el Desarrollo y la Paz en la Cordillera Occidental y la Costa Pacífica de Nariño, operado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y financiado por la cooperación canadiense, inició en el Departamento de Nariño en el año 2010 siguiendo las huellas de la política pública Nariño adelante con los jóvenes adelante y de la Política pública para la equidad de las mujeres nariñenses. Creciendo Juntos pretende brindar apoyo a jóvenes en condiciones de vulnerabilidad social y uno de sus resultados tiene que ver con el de garantizarles un mayor conocimiento y ejercicio de sus derechos a través del mejoramiento de sus habilidades de liderazgo y de sus capacidades y habilidades empresariales. El programa se ha desarrollado en nueve municipios del departamento de Nariño: tres en la cordillera occidental (Leiva, El Rosario y Cumbitara) y seis en la costa pacífica (Mosquera, La Tola, Santa Bárbara, Olaya Herrera, El Charco y Tumaco en el Consejo Comunitario Rescate Las Varas), contando con escuelas de liderazgo juvenil y escuelas de nuevas masculinidades y nuevas feminidades, estas últimas siendo implementadas con el apoyo del Colectivo Hombres y Masculinidades.

Masculinidades y feminidades

Cuando un amigo le habló del programa, a Angie Lorena le pareció interesante el concepto y relata que ha sido una oportunidad para ayudarle a resolver una situación familiar que cualifica de difícil, en la cual no podía opinar por el machismo de su padre y su madre. “La escuela de liderazgo me hizo cuestionar muchísimo sobre las brechas de género y las condiciones resultantes de las mujeres en la sociedad colombiana. Antes de involucrarme en el programa, se me hacía muy difícil hablar frente a un público masculino. Las escuelas de nuevas masculinidades y feminidades me hicieron entender que las mujeres somos iguales a los hombres en la misma medida que tenemos los mismos derechos y que la masculinidad y la feminidad son conceptos culturalmente construidos, los cuales, por el hecho mismo de ser cultural, se pueden modificar”, confía Angie Lorena, quien aprovechó al máximo de esta oportunidad de crecimiento personal y superó los nervios de pararse al frente de sus compañeras y compañeros para comprometerse como dinamizadora y apoyar a la organización implementadora con los módulos de capacitación.
 
La Fundación Promoción Integral y Trabajo Comunitario Corazón de María (Proinco), con sede en Pasto, es la organización implementadora para el componente de desarrollo social de Creciendo Juntos en la sub-región de la cordillera. En las escuelas de liderazgo juvenil se ha incorporado un módulo específico de género, el cual acompaña instantes de reflexión sobre conceptos básicos de género y propone una serie de acciones individuales, colectivas y grupales que lleven a la práctica el fomento de relaciones más igualitarias. También se trata de responder a una pregunta orientadora clave: ¿qué tanto se puede hablar de  justicia y desarrollo humano sostenible sin igualdad de género? “La equidad de género fue y sigue siendo un tema que genera asombro, pero al mismo tiempo, un tema que genera bastante interés entre la población juvenil”, afirma Carlos Díaz, sociólogo y profesional de Creciendo Juntos.
 
Por su parte, Maribel Muñoz Burbano, profesional de proyectos en Proinco, relata que una de las dificultadas que han encontrado a lo largo de la implementación de las escuelas de liderazgo era convencer a la gente que la equidad de género no se trata de un tema de libertinaje. Asimismo, Maribel explica que muchas chicas participantes manifiestan que no tenían derechos, “porque los derechos siempre han sido de los hombres”. En el mismo sentido, Carlos indica que al principio las chicas no hablaban en las escuelas por miedo a no tener la razón, por la “autoridad” de sus compañeros de sexo masculino: “Muchos chicos, por su parte, decían ¿cómo vamos a darles el liderazgo a las chicas si siempre hemos tenido el poder? Pero al final del proceso, las chicas opinaban abiertamente y los chicos veían y reconocían ese liderazgo femenino”, explica él.
 
A este respecto, Angie interpreta que esa realidad, aún observada en Nariño, resulta de la omnipresencia del sistema patriarcal, el cual define a la mujer cómo sumisa y débil. Ella agrega: “Si me abuelita no le enseñó a mi madre a hacerse respetar por las demás personas, especialmente los hombres, ¿cómo mi madre me va a enseñar a mí a hacerme respetar y revindicar mis derechos?”. Además, la joven adolescente afirma desear que, ojalá un día, las mujeres puedan estar en el mismo pie de igualdad que los hombres en la escena política en Colombia: “Tanto el hombre como la mujer puede opinar. Pero lamentablemente, hasta hoy, se imponen los hombres, ganan los hombres, mandan los hombres…y siguen gobernándonos a las mujeres. Este escenario se reproduce indudablemente en lo cotidiano de la mayoría de las colombianas, de cualquier edad, de cualquier pertenencia étnica, en lo rural y en lo urbano”.
 
PNUD Colombia está comprometido a que sus iniciativas para la construcción de la paz promuevan laequidad de género para que se sigan generando ejemplos tangibles de liderazgo y de construcción de paz. Creciendo Juntos es uno entre varios ejemplos para valorar el aporte de jóvenes nariñenses como Angie Lorena en estos aspectos. Tal como observa ella: “Puede ser que acuerden la paz en la Mesa de Conversaciones en La Habana. Pero la paz se debe construir en primer lugar desde pequeñas instancias, como desde la casa. Esos últimos días que ha jugado la selección de Colombia en el Mundial, se construyeron múltiples pedacitos de paz entre la ciudadanía y creo que es posible seguir construyendo similares espacios de paz en nuestro cotidiano, con nuestros familiares. Para lograr la paz, se necesita alcanzar, entre muchas cosas, la reconciliación entre mujeres y hombres y la equidad de género, y por eso, falta bastante por hacer”.

(*)  Asesora en género y construcción de paz, con el equipo profesional del Programa Creciendo Juntos, PNUD –

Más información

Amalia Alarcón
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Oficial de Género PNUD Colombia