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Por Blanca Cardona (*)

Convencidos del poder de la juventud en la transformación del país, a comienzos del año 2015 el PNUD le preguntó a los universitarios colombianos, sobre su interés de construir paz y desarrollo en Colombia.

En tan sólo en dos semanas, esta pregunta fue compartida cientos de veces a través de las redes sociales. Cerca de 7 mil estudiantes de universidades públicas y privadas, hicieron ‘clic’ en la plataforma de Manos a la Paz para postularse en la primera convocatoria de esta iniciativa conjunta de la Alta Consejería para el Posconflicto y el PNUD que hace parte central de la estrategia de respuesta rápida del Gobierno Nacional en el proceso de paz que avanza en el país.

El primer proceso para seleccionar al primer grupo de 300 jóvenes que saldrían de su zona de confort a realizar pasantías y prácticas en antiguas zonas de conflicto fue muy difícil. ¿Cómo escoger entre miles de jóvenes de todo el país dispuestos a poner sus conocimientos al servicio de comunidades con demandas para reconstruir su tejido social y abrigar nuevas esperanzas, quizás perdidas por historias de dolor y violencia con sólo 300 cupos disponibles?

Los requisitos básicos para ser parte de Manos a la Paz son sencillos… ser mayor de edad, estudiante universitario/a con matrícula vigente de una universidad colombiana, contar con el aval académico para participar, tener vigente su afiliación al sistema de seguridad social, disponibilidad de tiempo. El más importante de todos es más complejo: es entender que las inequidades que existen en el país se pueden comenzar a resolver si cada uno de nosotros como colombianos aportamos desde nuestras capacidades para que esta situación se revierta.  Es respetar profundamente el conocimiento que tienen las comunidades de sus necesidades y tener la humildad y actitud correcta para acompañarla en un proceso de crecimiento y desarrollo desde el territorio y con el territorio.  Para esto, los estudiantes deben estar dispuestos a viajar a un municipio del territorio colombiano durante cuatro meses, vivir de lleno esta experiencia aportando desde su conocimiento a los distintos programas de desarrollo y construcción de paz del PNUD en los territorios.

El desafío de Manos a la Paz creció rápidamente más allá de lo esperado. Desde el segundo semestre de 2016 hasta hoy, 10.500 jóvenes de distintas carreras se han postulado al programa. Luego de pasar pruebas y entrevistas, 600 de ellos han sido admitidos para realizar sus prácticas en más de 110 municipios de 25 departamentos, aportando a las metas de distintos proyectos del PNUD en municipios golpeados por la guerra.

El énfasis de estos proyectos es aportar a la construcción de paz en los territorios y fortalecer las capacidades locales desde ámbitos como la superación de pobreza y desarrollo económico, el desarrollo sostenible y medio ambiente, la gobernabilidad local, la convivencia y la reconciliación.

En este proceso, 63 universidades públicas y privadas colombianas han sido aliadas estratégicas, vinculándose directamente al programa, promoviendo sus objetivos y validando la experiencia dentro de sus planes de prácticas y opciones de grado de quienes cursen los últimos semestres de sus carreras académicas.

Hoy decimos con orgullo que en cada región de Colombia hay un pasante  Manos a la Paz. Sus aportes permiten fortalecer capacidades locales y afianzar lazos que se viven de la mano de campesinos, jóvenes, alcaldes, funcionarios, adolescentes, microempresarios, indígenas, afrodescendientes, productores, asociaciones, niños y niñas de poblaciones que sienten la voluntad, el esfuerzo y el compromiso de una juventud comprometida con el futuro de su país.

Desde la Alta Guajira, un grupo de practicantes ayudan a que cientos de personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, transformen sus vidas y sueños de microempresarios, a través de unidades de negocios que buscan un desarrollo económico más incluyente.

En pleno corazón del macizo caucano, un gran equipo de estudiantes abrazan los proyectos de las comunidades de las veredas que ven en el campo una fuente de seguridad alimentaria y desarrollo sostenible para las próximas generaciones. Al mismo tiempo, atienden y rescatan con acciones integrales a decenas de familias que han sido víctimas del conflicto armado.

Los pasantes en los departamentos que conforman los Montes de María, una de las regiones más golpeados por la violencia, han logrado sintonizarse con las historias de esos colombianos y han emprendido actividades que van desde talleres psico-sociales hasta jornadas de empoderamiento ambiental para sembrar cultura del cuidado del entorno para un mañana de paz.

Al sur del país, en seis municipios de Nariño, se conjugan actividades de emprendimiento, culturales, ambientales, juveniles, deportivas y de apoyo a víctimas que guardan relación con los objetivos y el impacto del programa en cada rincón del territorio colombiano.

Cada tarea que cumplen estos universitarios es una semilla que da sus frutos en los territorios que añoran tener un país más equitativo y en paz.

En este sendero de voluntades y compromisos de los jóvenes por su país, avanza Manos a la Paz, que pronto se acerca a su tercera convocatoria nacional, con más lecciones aprendidas, nuevas alianzas, más expectativas, pero sobretodo, con más impulso para seguirle apostando al tejido social de una mejor Colombia, confeccionada con las puntadas de cientos de universitarios que ven en esta iniciativa, una opción para reconstruir sueños y alimentar esperanzas de una nación que anhela vivir en paz.

(*) Coordinadora del Área de Gobernabilidad Democrática.
PNUD - Colombia