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Por Aleida Patarroyo
 
"Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad," proclamó Gabriel García Márquez hace casi cincuenta años, en su célebre libro Cien Años de Soledad.

Colombia pasó en una semana -tal vez  la más crítica de las últimas décadas- por un  vaivén de sentimientos  de incertidumbre, de esperanza y de polarización… de la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y las Farc-EP ante los ojos del mundo, a la respuesta  de un 50.2%  del NO en las urnas el pasado dos de octubre.

A partir de los resultados electorales la opinión pública quedó dividida en tres; los dos primeros entre  el SI y el NO y los terceros derivados de la indiferencia con una abstención de más del 60% de los ciudadanos aptos para votar en el plebiscito por los Acuerdos de Paz.

El 5 de octubre, tan solo tres días después de conocerse la votación en todo el país, los  jóvenes universitarios convocaron a la Marcha por la Paz a nivel nacional, donde Bogotá, capital de la república, fue el símbolo de unidad y entereza; hay quienes dicen que  históricamente la emblemática plaza de Bolívar nunca antes había albergado tantas personas, que nunca antes se había llenado tantas veces como en esta ocasión. Se estima que más de un millón de personas participaron, lo que se convirtió en el respaldo ciudadano más fuerte a los Acuerdos de Paz desde que se iniciaron hace más de  cuatro años las conversaciones en la Habana, hecho que fue ampliamente registrado tanto por el Gobierno como por las Farc-Ep, así como por los medios de comunicación nacionales y extranjeros y por líderes de paz en todo el mundo.

Con antorcha,  velas y en simbólico silencio, los jóvenes enviaron tres claros mensajes que impulsaban las marchas: ¡Ni un paso atrás, acuerdos ya! ¡hay que mantener  el cese al fuego!  Los jóvenes lograron movilizar, en menos de veinticuatro horas, a miles de personas en torno a la paz a través de un incansable trabajo en las redes sociales y se posicionaron como actores definitivos en la solución del problema colombiano más álgido de los últimos años.  En medio de la movilización, la gente se reprochaba… tal vez si todos los que estamos aquí hubiéramos votado, seguramente  habríamos quintuplicado los 50.000 votos de diferencia que sacó de ventaja el NO, en un plebiscito que obtuvo en total más de doce millones de votos.

Y entonces surgieron de nuevo los interrogantes de ¿porqué los jóvenes casi no votaron?, ¿es porque a esta generación no le tocó vivir directamente el conflicto?  ¿o es porque relacionaron el plebiscito exclusivamente con un tema político entre políticos? Quedan abiertas preguntas cuyas respuestas tal vez algún día nos permitan cambiar el rumbo del planeta con la masiva participación de la juventud.

Desde un punto de vista abiertamente democrático, al observarse con objetividad las maravillosas marchas por la paz de jóvenes en todo el país, sí lo que se buscaba era legitimar por este medio el proceso de paz por parte de la ciudadanía, este quedó legitimado. Pero las realidades constitucionales y jurídicas funcionan, lamentablemente en este caso, en otras dimensiones. El país quedó sumido en una especie de limbo indescifrable con unos acuerdos firmados ante Colombia y ante el mundo y con la guerra suspendida temporalmente, pero sin la refrendación popular.  Este fenómeno, que quizá pueda asociarse con el reciente plebiscito en Gran Bretaña, se caracterizó igualmente por una débil participación especialmente de los jóvenes en los procesos y debates previos a la votación, circunstancia  que luego se contrastó con las multitudinarias manifestaciones de rechazo a la decisión.

Aún no se sabe a ciencia cierta cuál va a ser el destino de Colombia en materia de paz; el presidente anunció que el cese al fuego bilateral continúa hasta el 31 de diciembre y, por lo demás,  se está a la espera de las  propuestas de la oposición que luego serán revisadas en la mesa de negociación en la Habana.

Lo que si quedó otra vez en evidencia es la fuerza  que, a su manera, han reivindicado los jóvenes como protagonistas de la historia y de la paz de los pueblos, fuerza que no da cabida a controversia alguna.
 
Culminada la Marcha por la Paz, la misma noche del miércoles, un grupo de jóvenes y ciudadanos se quedaron en la fría plaza de Bolívar acampando, para desde allí mantener la convocatoria a todo el país y de esta forma enviar un mensaje constante y firme a las partes para que no se paren de la mesa hasta que haya un Acuerdo de Paz definitivo. “No nos moveremos de aquí hasta que haya acuerdo” repiten a cada persona que les indaga sobre el futuro de la paz.

Desde su Campamento por la Paz, los jóvenes presentaron su manifiesto: “Somos un reloj de tiempo que va marcando los días, las horas y los minutos que perdemos y en los que podemos rescatar el acuerdo. No podemos retroceder en el esfuerzo para llevar el enfrentamiento de las balas al de las ideas”.

“Exigimos que se mantenga el cese del fuego y no nos moveremos hasta que haya un acuerdo de paz”, señalan a la par con la invitación para que más gente se sume a la iniciativa. El campamento por la paz en la Plaza de Bolívar de Bogotá lleva inscritos los nombres de los municipios  que fueron víctimas  del conflicto armado en Colombia.

Es importante recordar que la resolución 2250 sobre Juventud, Paz y Seguridad de las Naciones Unidas del 9 de diciembre de 2015,  destaca la importancia de la participación de los y las jóvenes en la consolidación de la paz  como “La adopción de medidas para apoyar las iniciativas de paz de los jóvenes locales y los procesos autóctonos de solución de conflictos y para implicar a los jóvenes en los mecanismos de aplicación de los acuerdos de paz”. 

Manifiesto del campamento por la paz
 
Nosotros y nosotras, hombres y mujeres de la ciudad y del campo, que no representamos a ningún partido, ni hacemos parte de la institucionalidad,  actuamos de manera libre y organizada, con un sentido incluyente y pacífico.

Nos juntamos en la Plaza de Bolívar a exigir la paz ahora y que se respete el cese bilateral al fuego.

Somos un reloj de tiempo que va marcando los días, las horas y los minutos que perdemos y en los que podemos rescatar el acuerdo.

No podemos retroceder en el esfuerzo para llevar el enfrentamiento de las balas al de las ideas.
Nuestra razón movilizadora, nuestro espíritu han sido y son las víctimas. Ellas han sido el ejemplo de perdonar y de avanzar, el ejemplo que queremos replicar.

Estamos aquí para:



1. Exigir un acuerdo YA.
2. El respeto al cese bilateral al fuego.
3. El campamento no se levanta hasta que tengamos seguridad de que el acuerdo se va a implementar.
4. Invitamos a todas y todos a que vengan a la plaza de Bolívar y a que en todo el país se sumen a esta iniciativa.